RELIEVES DE ARTURO SERRA PARA EL TRONO DE LA STMA. VIRGEN DE LA SOLEDAD

 

PRIMER DOLOR: LA PROFECÍA DE SIMEÓN (Lc. 2, 25-35)

PRIMER DOLOR: LA PROFECÍA DE SIMEÓN (Lc. 2, 25-35)

TERCER DOLOR: EL NIÑO PERDIDO Y HALLADO EN EL TEMPLO                   (Lc. 2, 41-50)

TERCER DOLOR: EL NIÑO PERDIDO Y HALLADO EN EL TEMPLO (Lc. 2, 41-50)

QUINTO DOLOR: CRUCIFIXIÓN Y AGONÍA DE CRISTO  (Jn. 19, 17-30)

QUINTO DOLOR: CRUCIFIXIÓN Y AGONÍA DE CRISTO (Jn. 19, 17-30)

SEGUNDO DOLOR: LA HUÍDA A EGIPTO  (MT. 2, 13-15)

SEGUNDO DOLOR: LA HUÍDA A EGIPTO (MT. 2, 13-15)

CUARTO DOLOR: MARÍA ENCUENTRA A SU HIJO CAMINO DEL CALVARIO (Cuarta estación del Vía Crucis)

CUARTO DOLOR: MARÍA ENCUENTRA A SU HIJO CAMINO DEL CALVARIO (Cuarta estación del Vía Crucis)

SEXTO DOLOR: CRISTO ES DESCENDIDO Y COLOCADO EN EL REGAZO DE SU MADRE  (Mc. 15, 42-46)

SEXTO DOLOR: CRISTO ES DESCENDIDO Y COLOCADO EN EL REGAZO DE SU MADRE (Mc. 15, 42-46)

SÉPTIMO DOLOR: CRISTO ES SEPULTADO Y MARÍA EN SOLEDAD (Jn. 19, 38-42)

SÉPTIMO DOLOR: CRISTO ES SEPULTADO Y MARÍA EN SOLEDAD  (Jn. 19, 38-42)
ORIGINAL EN BARRO

(1) ORIGINAL EN BARRO

POSITIVO EN CERA

(3) POSITIVO EN CERA

MOLDE EN SILICONA

(2) MOLDE EN SILICONA

PIEZA EN BRONCE TERMINADA

(4) PIEZA EN BRONCE TERMINADA

La realización de un nuevo cuerpo base de madera tallada y dorada para el trono de la Virgen de la Soledad de la Cofradía marraja ofrecía la posibilidad de enriquecimiento iconográfico, de tal manera que se potenciara el mensaje transmitido por la imagen de la Virgen de la Soledad. A tal efecto se concibió la realización de seis relieves en bronce plateado que, en unión con la propia imagen de la Soledad, conformara el ciclo completo de los siete dolores de la Virgen.

 

De este modo, el trono de la Soledad trasciende su mera función de portar a la imagen para convertirse en auténtico altar monumental ambulante de glorificación y reflexión sobre lo que la tradición piadosa denominó la Corona Dolorosa. La práctica del rezo de la Corona Dolorosa fue promovida por la orden de los Servitas a principios del siglo XVII, como una práctica piadosa para la contemplación y reflexión sobre los siete dolores de la Virgen, incluyendo no sólo los sufridos durante la Pasión de Cristo sino también aquellos otros pasajes de la infancia de Jesús que se proponían a la devoción como prefiguraciones de los padecimientos de Cristo en su Pasión, presentando la paralela compasión de la Corredentora, la Virgen María. La práctica de esa devoción se establece combinando la contemplación de cada uno de los siete dolores de la Virgen, con el rezo repetitivo y rítmico del Ave María, como vehículo para favorecer la concentración en la meditación de los misterios dolorosos. Así planteado, puede llegar a considerarse el cortejo procesional de la Virgen de la Soledad como un continuo rezo rítmico de la Corona Dolorosa de la Santísima Virgen, cuya imagen el conjunto, ensalzada en su trono monumental fundado sobre los episodios de la compasión redentora de María.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Al quedar el séptimo dolor representado por la propia imagen de la Soledad de María, se puede establecer una distribución de los seis primeros dolores divididos entre los pertenecientes al ciclo de la infancia de Jesús, a un costado del trono, y los integrantes del ciclo pasionario, al otro costado.

 

Los seis relieves originales realizados por el escultor Arturo Serra quedan enmarcados por tallas doradas que desarrollan en un plano oblicuo y curvilíneo en el primer nivel de talla del trono procesional, dando lugar a dos formas cóncavas centrales y cuatro convexas en los extremos de los costados.

 

Se trata de relieves pictóricos, esto es, que pretenden, como en la pintura, sugerir las tres dimensiones mediante sólo dos, añadiendo en este caso el recurso de una tercera dimensión de escaso desarrollo que sirve para reforzar la idea de proximidad respecto al fondo de la escena, que aparecerá representado con un relieve apenas sugerido. Podemos hablar por tanto de unos medio-bajorrelieves, llegando al tipo de relieve que los italianos del Renacimiento denominaban schiacciato en los fondos de cada escena, mientras que el primer plano nos ofrece volúmenes más destacados.

 

Como en otros procesos escultóricos, se parte de la realización en (1) barro de los originales. El barro es el material creativo por excelencia, que permite libertad para corregir, retocar, cambiar o definir volúmenes en todo momento. Una vez que se da por acabado, al original en barro se le saca un (2) molde en silicona que nos muestra los volúmenes en negativo con respecto al original. Con este molde se obtiene un (3) nuevo positivo, esta vez en cera, que será el que se utilice para la fundición a la cera perdida. Aplicando diversas capas de revestimiento cerámico sobre la cera, se consigue un nuevo molde con la cera en su interior. Cuando la pieza así configurada se somete al horneado a más de 800º C el revestimiento se endurece, mientras que la cera se derrite y sale por los orificios dispuestos a tal efecto. El bronce fundido pasa entonces a rellenar el hueco dejado por la cera, obteniéndose, al romper el molde, una pieza en bronce idéntica al original realizado en barro. Este bronce obtenido en bruto se somete a un pulido (4) buscando el acabado final.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Formalmente, los relieves responden al lenguaje clásico de la escultura figurativa, presentando unas composiciones de marcada axialidad en aquellas escenas más pobladas de personajes. En este sentido se puede destacar el recurso utilizado por el escultor para transmitir, también con la composición, la idea de desolación, en unas escenas que, progresivamente, se van despoblando de personajes hasta presentarnos a la Virgen sola con su Hijo en el regazo, en un recurso que culminaría con la propia imagen de la Soledad de María, representada por la escultura de Capuz.

 

Frente a esa idea de desolación, mostrada con un sentido muy contemporáneo de la composición, el ciclo de dolores correspondientes a la infancia de Jesús nos muestra escenas orladas con angelotes y querubines.

 

Se trata de composiciones equilibradas pero no por ello exentas de movimiento, sugerido por las líneas diagonales que trazan los volúmenes de los personajes o los encuadres espaciales en los que se inscriben. El movimiento que presentan las escenas se presta perfectamente a su exposición en el trono procesional, un altar en movimiento. Este movimiento de las escenas se ve reforzado por diversos alardes compositivos que nos muestran la calidad técnica de su autor, al recurrir a encuadres en contrapicado sobre superficies alabeadas o acusados escorzos que inciden en la transmisión de la sensación de profundidad pictórica en tres dimensiones.

 

En suma, nos encontramos con un conjunto escultórico de relieves originales concebidos y realizados expresamente para el trono de la Soledad, que viene a enriquecerle patrimonio artístico de la Cofradía marraja con unas piezas que se inscriben en la tradición de excelencia que históricamente ha guiado lo mejor del patrimonio de los Marrajos.

 

JOSÉ FRANCISCO LÓPEZ MARTÍNEZ

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Asociación Procesionista Tertulia La Vara, Semana Santa de Cartagena

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