MARIANO BENLLIURE GIL - TERTULIA LA VARA, SEMANA SANTA DE CARTAGENA

Mariano Benlliure y Gil (Valencia 1862- Madrid 1947), es el último gran maestro del realismo español. Educado en la más purista tradición clásica y realista, se sirvió de ellas para junto con ciertas influencias modernistas e impresionistas, crear un estilo muy personal, de trazo nervioso y gubia certera; que reformaría y sería la columna vertebral del nuevo discurso estilístico californio.

 

Descendiente de una humilde familia de amplia tradición artística, es su padre Juan Antonio, quien inculca a sus hijos el amor por las artes, la búsqueda del ideal de belleza y la perseverancia en el trabajo. Educado en sus primeros años en la Academia de Bellas Artes de San Carlos en Valencia, en 1871 se traslada con su familia a Madrid donde se incorpora a la Academia de Bellas Artes de San Fernando, donde es iniciado en la pintura clásica. En 1874 la familia se traslada a Zamora donde Benlliure entra a formar parte como aprendiz en el taller de escultura de Don Ramón Álvarez. Es en esta época cuando descubre las técnicas de trabajo con la madera y telas encoladas; y cuando realiza sus primeras obras escultóricas.

Nos encontramos aquí con el talento precoz de Benlliure. A los 14 años participa en la Exposición Nacional de Bellas Artes de 1876 con una escultura de cera denominada La cogida de un picador y en 1878 realiza su primer paso de Semana Santa, El Descendido para la Real Cofradía del Santo Entierro de Zamora.

 

Su dedicación principal, sin embargo, seguía siendo la pintura, y para proseguir con su formación se traslada en 1878 a París donde de la mano de Domingo Marqués entra en contacto con lo que habría de llamarse la Escuela impresionista valenciana, expresión desatinada si tenemos en cuenta que su realidad era ajena a los planteamientos filosóficos impresionistas. Sin embargo esta técnica pictórica dominada por la luz y los efectos lumínicos, el color y las pequeñas trazas de pincel, serán más tarde aplicadas por Benlliure en su escultura en bronce y en arcilla y más particularmente en la policromía de su producción religiosa.

 

Decide marcharse a Roma a finales de 1879, desde donde realiza viajes a Grecia e Inglaterra para impregnarse del arte clásico y renacentista. Pero no es hasta descubrir a Miguel Ángel cuando decide abandonar los pinceles y centrarse casi exclusivamente en la escultura. Este despertar renacentista marcará el resto de su trayectoria posterior de una manera indeleble. En dicha época gana la pensión de la Academia de Roma, hecho que le ofrece una renovadora libertad artística; a partir de esa fecha no deja de producir de forma compulsiva y su figura representará para siempre una verdadera leyenda del trabajo, de la constancia y de la tenacidad.

 

Opta por establecerse definitivamente en Madrid a mediados de 1887, donde obtiene la primera medalla en la Exposición Nacional de Bellas Artes con la obra Ribera, galardón que vuelve a obtener en 1890 por su escultura La Marina. Ese mismo año se presenta con El Sepulcro de Gayarre a la Exposición Universal de París, consiguiendo la medalla de honor. Esta última composición reúne el efectismo y teatralidad, la perfección técnica y el modelado que serán característicos de sus creaciones monumentales. Esta manera de hacer y su casticismo a la hora de elegir los temas le granjean gran popularidad y éxito, lo que le convierte en el escultor preferido de La Corte y el Gobierno. De ahí proceden la mayoría de los encargos de la vastísima producción de obra civil de la que podemos disfrutar. Baste decir que Benlliure liberó a la escultura civil española de los aspectos idealistas que perduraban desde el Romanticismo y que su obra se caracteriza por un sentido narrativo, minucioso y fiel, como nuevo enfoque realista de finales del siglo XIX.

 

Asimismo, sus condecoraciones, galardones y recono-cimientos son múltiples: En 1891 es elegido miembro de la Academia de San Lucas. En 1901 es nombrado académico de San Fernando. En 1902 Director de la Academia de España en Roma. En 1917 Director del Museo Nacional de Arte Moderno. En 1924 Medalla de Oro del Círculo de Bellas Artes y en 1931 Director General de Bellas Artes, entre otras.

 

Podemos decir por tanto, que la imaginería religiosa de Benlliure se circunscribe casi exclusivamente a la última etapa de su vida, tras las destrucciones iconoclastas, tanto en 1931 como en 1936.

 

Es en 1940 cuando entra en contacto con la ciudad de Cartagena, concretamente con la Marina de Guerra Española que le encarga un Cristo de la Fe. Al llegar dicha imagen a nuestra ciudad (Iglesia del Carmen-1941) el Marqués de Fuentesol, por aquel entonces Hermano Mayor de la Cofradía California, se pone en contacto con el escultor para encomendarle la labor de sustitución de las tallas perdidas en la Guerra Civil.

 

La serie de obras de Mariano Benlliure para la Cofradía comenzó con el Cristo del Prendimiento (1942). Para este trabajo revisa la obra de Salzillo y da una visión de aceptación, recogimiento y resignación del prendido; sustituye las cabezas de los sayones con lo que ofrece una visión frontal, no alterando los elementos compositivos del antiguo grupo.

 

Los siguientes encargos que reciben son los de San Juan, el Ósculo y la Virgen del Primer Dolor (1946). En San Juan se distingue la impronta davidiana de Miguel Ángel tanto en el rostro como en las manos del evangelista. Para el grupo del Ósculo, a diferencia del Prendimiento reforma la visión de Salzillo, centra la imagen en San Pedro y Malco mientras que Judas y Jesucristo quedan en un segundo plano. Fija la vista del espectador en el movimiento que sucede delante de la escena de la traición. Rompe con la estética tradicional de las dolorosas murcianas en su Virgen del Primer Dolor, que sustituye a la polémica talla de Pérez Comendador realizada unos años atrás

 

Para La Flagelación (1947) resalta la perfección anatómica del hombre, con lo cual hace que el espectador se centre en la figura y se olvide del carácter narrativo. Hasta el final de sus días seguirá recibiendo encargos de la Cofradía California para continuar completando el cortejo del Miércoles Santo pero su estado de salud le impide completar grupos como el de La Santa Cena, siendo su último trabajo para la misma el Cristo de La Entrada de Jesús en Jerusalén dándose la curiosa circunstancia de que esa misma escena para Crevillente la finalizó días antes de su muerte, la cual tuvo gran repercusión tanto en la prensa nacional como en la internacional.

 

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